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Daniel Balinotti
Mar del Plata - Argentina
Daniel Balinotti, 44 años, empleado. Escritor aficionado. Comence a escribir en el 2000 cuando terminaba la escuela secundaria para adultos. No he publicado por dos razones: no se si es bueno lo que hago, y por cuestiones economicas. por eso aprovecho los medios gratuitos de intert para mostrar lo mio. He creado una pagina web para colgar algunos cuentos y sigo escribiendo.
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Los sueños de Jaime Gispert
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Últimos comentarios de este Blog

19/08/08 | 09:56: Cecilia Tomasini dice:
Me encantaría pasar mi vejéz en Mar del Plata, qué bonito es caminar por sus costas. Hermoso su cuento, la imaginación me llevó a estar dentro. cariños Cecilia
07/05/08 | 12:49: ignacio dice:
Daniel: Gracias por hacerme pasear un rato por mi segundo hogar. Muchas gracias. He tenido por años un intenso contacto con Mar del Plata. Amigos y familia que han vivido allá (mi viejo aún lo hace por los pagos de Casamar) y varias historias propias que me llevan a quererla mucho. Me gusta Aldosivi pero no te puedo negar que Alvarado me tira un poco más.¿Te acordás de Norber de Goas y las propagandas de los supermercados Elefante? ¿Y de los videos que llevaban al Torreón allá por los 70? ¿Y de cuando Guemes era una calle de barrio y Alem todo ese misterio de la chica muerta y su bufanda que nos hacían temblar de chicos al pasar de noche entre el Cementerio y el Golf? Seguí escribiendo Daniel, que no es malo lo que hacés, y hacelo sobre tu tierra que es un poco bastante la mía. Cuando uno ama a su tierra no puede menos que homenajearla con la palabra. Nota: nunca me había dado cuenta de ese lugar mágico en que se cruzan Martínez de Hoz y Juan B. Justo.
04/05/08 | 17:47: dora ines ( arco iris de palabra) dice:
me gusto tu cuento, porque esa fantasia real que haces es toda imaginaria creacion, gracias por compartir.
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Los sueños de Jaime Gispert



¿Qué es un fantasma?
Un hombre que se ha desvanecido hasta
ser impalpable, por muerte, por ausencia
por cambio de costumbres.
Alejandro Dolina




Un buen día, llego el momento de que plantara un árbol, y lo hice. Plante un sauce en el fondo de mi casa. En el mejor mes de julio de mi vida, llegó mi sol, mi hija Lucia, y fui padre. Y en el año 2002 llego el momento de mostrar las cosas que escribía y no mostraba, y escribí este cuento. Por lo tanto ya plante el árbol. Tuve un hijo y escribí un libro.
Solo me queda esperar el momento en que el Amor me diga ¡Hola! Aquí estoy.
Daniel Balinotti
Mar del Plata, Diciembre de 2002



Esta historia que a continuación les voy a narrar me la contaron un caluroso día de verano de enero de 1988.
Con mi amigo Pablo Garegnani casi todos los domingos por la tarde, se nos había hecho la sana costumbre de ir a tomar unos mates con el cura Enzo Giustozzi.
El sacerdote en cuestión es un tipo muy estudioso, casi una máquina del saber y además una persona sencilla, que siempre tenia una anécdota para contar. Por esos momentos su residencia era la parroquia la Sagrada Familia, en pleno corazón del puerto de Mar del Plata. Mientras estaba en su despacho un ruido a cohetería interrumpió nuestra charla; era la fiesta de San Jorge, después de este alboroto, retorno la calma y desviamos la conversación hacia las costumbres de los inmigrantes; y en especial a la de los tanos. Y así apareció esta historia de Jaime Gispert, que les voy a narrar. El cura Enzo nos la contó que:
Posteriormente de la primera guerra mundial fueron muchos los italianos que habían venido a Mar del Plata, y en especial al puerto, a buscar nuevos horizontes de mejores tiempos. Así sucedió con mi abuelo materno que con solo 19 años había llegado a estos lugares para trabajar en la construcción de la banquina del puerto en el año 1927. El abuelo Victorio llegó por medio de la misma empresa minera que lo contrataba en Bari (Italia) para sacar las piedras de la vieja cantera que estaba en la hasta hace muy poco cancha de Aldosivi. Como él, otros llegaron, con otros oficios y vocaciones, y con diferentes expectativas a cumplir. Pero esta oleada de inmigración no termino en esas épocas, ya que más cerca de nuestros tiempos fueron otros los hombres, otras las razas y colores de piel, que llegando de tierras más cercanas trajeron sus historias y costumbres en un viejo bolso de cuero gastado.
Jaime Gispert ha sido uno de esos hombres. Jaime, chileno de origen se había animado a cruzar la Cordillera de los Andes en los tiempos del “Pinocho” (en referencia al dictador Augusto Pinochet), que hizo en el hermano país marchar el paso con huellas de terror y sangre al pueblo trasandino. No se recuerda, ni él mismo lo recuerda, cuando arribó al barrio de la gruta de Lourdes, habrá sido entre el 74 o el 75. Se instaló en una precaria casilla de la villa de Vértiz, sobre las vías que parecería ser que llegaban a la banquina del puerto.
El joven no era, dado a que el mismo no se consideraba así un “ chilote” (termino despectivo que los mismos usan para referirse a un conciudadano una tan vago); Sin duda era distinto, era un tipo distinguido y bastante ilustrado. Había estudiado en su país hasta unos pocos años en la universidad, amaba la filosofía. Se había entreverado en cuestiones políticas, y había llorado amargamente cuando mataron salvajemente al Presidente Allende en la Casa de la Moneda. En Chile no solo dejo a sus padres y hermanos; sino también a dos grandes amores más, su amada Leticia y su hija Maria. Siempre llevaba entre sus cosas una fotografía rasgada por los avatares de los viajes, que aunque sea en un papel le recordaba la imagen de su hijita y de ese amor que fue, y se fue con otro cariño, con otras manos. Y justificaba pensando que quizás sé había ido por no poder entender a un loco idealista y soñador como él. En aquel viejo retrato, de esas hermosas mujeres había escrito una hermosa frase: “ El amor no se termina, solo cambia de lugar”. Y él también cambió de lugar y se vino para estas tierras.
Jaime Gispert había tenido desde muy pequeño un habito muy particular y raro para una persona que no le sobraba el tiempo, ni el dinero para sobrevivir; Le gustaba enormemente conocer e investigar sobre historias secretas, un tanto ocultas y difíciles de resolver. Así un día domingo, ya caída la tarde y a la salida de misa de la Gruta escuchó entre los parroquianos una historia rara, una leyenda que corría por ahí con ciertos ribetes de realidad.
Contaba esta historia que entre los italianos que arribaron al puerto marplatense se encontraba un grupo de hombres que sin esquivarle el bulto al trabajo portuario dejaban escapar cada vez que se podía, un grito musical que los acercaba al arte. Eran músicos, y no músicos cualquiera, habían pertenecido a una orquesta sinfónica de quien sabe que pueblo de Italia.
Que no se sabía, ni se conoció nunca sus nombres, ni cuantos eran, ni como eran sus rostros, ni siquiera que edad tenían. ¿Serian muchachos bien, venidos a menos?, ¿Serían hombres de experiencia con familias?. Nadie lo supo nunca contestar. Lo que sí se conocía de ellos eran las particularidades que rodeaban a cada ejecución musical. Las interpretaciones las hacían los domingos de noche, que en la formación se escuchaban instrumentos de vientos, de cuerdas y hasta un piano; que en su repertorio no faltaban composiciones de Viváldi, Verdi y algún vals de Strauss. Que la hora era bien entrada la noche y lo más curioso que el lugar elegido era algún viejo sótano de alguna vieja propiedad de la empresa constructora del puerto o... eso se creía.
Muchos dijeron a Jaime haberlos escuchado tocar, pero nadie pude afirmar haberlos visto. Y alguien le afirmó que las melodías eran hermosas, pero que dejaban entrever un dejo de tristeza en cada interpretación, quizás motivado por la desdicha de estar lejos de la tierra natal o de no haber sido lo que querían ser. Todo esto despertó un tremendo ardor de intriga y de búsqueda en Jaime, y lo tuvo en vilo durante días y semanas.

Un buen día, mientras se estaba mudando desde la villa a un inquilinato en el mismo corazón del puerto, volvió a renacer la necesidad de conocer lo veraz del relato escuchado sobre la orquesta. Mientras acomodaba sus cosas en la humilde pieza descubrió en el ropero unas viejas hojas de diario que tapizaban unos estantes; el tiempo las había arruinado y amarillentado, pero igualmente se las podía leer. Era una edición de un viejísimo ejemplar del semanario “Democracia” cuyo director era un tal señor Roberto. T. Barili y era del año 1937. Mas precisamente del 23 de Febrero de 1937, en la editorial sé hacia mención a diferentes orquestas populares que habían estado funcionando en el pueblo de Mar del Plata desde sus orígenes. Nombraba a la banda “La Popular” dirigida por el Sr. Cianchetta y Andrés Truchi; A la orquesta “La Verdi” y a la banda “Truchi”, que supo acompañar hasta la estación de trenes a los voluntarios italianos que iban a luchar en la Primera Guerra Mundial, ejecutando melodías de su tierra.
También se mencionaba a una formación desconocida, con un director desconocido y con lugares de presentación aun más desconocidos.
Esto volvió a enloquecer a Jaime, que comenzó a programar cada momento libre que le posibilitaba el trabajo de caddy en el Golf club Mar del Plata en Playa Grande, para ir recopilando datos que lo acercaran a la enigmática leyenda.
Jaime busco por todos lados. Volvió a repetir el viejo ritual abandonado por los lugareños de montar guardia para encontrarlos en el momento justo que se disponían a realizar algún recital privado; pero nada paso. Fue a las tribunas de madera del Estadio de Ministerio, y no estaban; busco en los galpones de la usina 9 de julio, en el astillero y hasta en los silos, pero nada encontró.


Nunca supo nada de ellos, aunque todos seguían escuchando “algo”.
La música siguió por años acunando el descanso de los trabajadores del puerto, cada domingo mas o menos a la misma hora y desde algún lugar misterioso la orquesta volvía a tocar.
Tan misteriosa como es la vida misma.

Pasó el tiempo, pasaron unos cuantos años. Hoy el barrio del puerto no es el mismo, la cancha de fútbol del Ministerio de Obras Publica recibe en cada verano a circos y parques de diversiones. En las oficinas de la constructora del puerto hay varios cabarets, los pescadores son pocos y en su mayoría coreanos. En parte, ha desaparecido el orgullo deportivo del barrio el glorioso tiburón Aldosivi, y por supuesto Jaime Gispert tampoco es el mismo. ¿Y la orquesta?. La orquesta había ido muriendo poco a poco como mueren las personas queridas, desaparecen los amores deseados, los lindos lugares y las buenas costumbres. Miles de preguntas hay en el aire, en cada lanchita amarilla, en la parroquia, en la Gruta o en los bancos de los jubilados de 12 de Octubre y Edison.
¿Se habrán muerto estos bohemios inmigrantes?¿Se habrán peleado por un acorde mal dado?. Son miles las preguntas y no hay respuestas. ¿No hay respuestas?.

Cierta tarde Jaime volvía de su tarea rutinaria de alcanzar palos y pelotitas a los señores burgueses cuando volvió a su cabeza el tan mentado motivo de su búsqueda. Este se había convertido por momentos en una profunda obsesión.
Ese día se detuvo a observar como otras veces a los abuelos italianos y españoles que como si fuera parte de una liturgia pagana se sentaban a charlar en unos precarios bancos de artesanal fabricación en la esquina de 12 de Octubre y Edison. Esta escena le trajo a la memoria las reuniones de la antigua Grecia donde los intelectuales (y de los otros) se sometían mutuamente a una feroz competencia del saber. En esta esquina portuaria se repetía el acto de ver quien era capaz de contar la grandeza más grande y la anécdota más curiosa. En esta imagen casi extraída de la película italiana Cinema Paradiso de Tornatore resaltaba la figura de un anciano solitario. Esto llamó poderosamente la atención a Jaime, y este hombre fue el objetivo de su indagatoria.
El anciano rondaba los 80 años de edad pero su apariencia de viejo luchador de mar lo catapultaba a una categoría matusalesca. Manos curtidas, rostro quemado por el sol y reseco por la sal del agua, cabellos muy blancos y ojos tristes que se habían cansado de mirar hacia un horizonte que alguna vez vio llegar desde Europa y nuca lo vio volver.
Jaime se le acerco con temor, pues conocía que para la mayoría de los tanos los hombres como él, representaban a los mal llamados “cabecitas negras”.
Jaime se disculpo en el saludo, y dijo si le podía hacer algunas preguntas. El hombre lo miró entre un dejo de sorpresa, malestar y curiosidad, pero como todo un caballero de bien le extendió la mano, y se presento.
Se llamaba Nicola. Había llegado de muchachito desde Europa, y que toda su vida la paso trabajando en una lanchita amarilla; la “Santa Rita”, porque él era oriundo de Casia, Italia. Su presencia en esos detestables bancos (así los calificaba él)se debía a que hace 20 años atrás una infortunada caída lo había alejado de los navíos por un fuerte golpe en la cadera.
Jaime Gispert le explico que desde hace años estaba buscando datos sobre una misteriosa orquesta que tocaba en algún lugar incógnito del barrio del puerto.
Al hombre se le iluminaron los ojos quien le observa a Jaime que no sabia mas de lo que él había averiguado. Pero..... Ese pero volvió a abrir una leve esperanza para él un obsesivo escudriñador.
El viejo Nicola le contó, que en una terrible tormenta que asoló las costas de Mar del Plata y la zona y que no recordaba en que año fue, las fuerzas del viento habían hecho llegar a las aguas del mar hasta la zona de la plaza San Martín. En el puerto también había reinado la desolación y las aguas llenaban cada rincón y cada calle del barrio. El mismo había tenido que ir hasta la banquina, y que cuando pasó por la esquina del Club Náutico había escuchado a pesar del huracán un sonido armonioso, un acorde musical casi imperceptible. Que ato su bicicleta (para que no se volara) y, después de una sencilla búsqueda encontró entre los pastizales una especie de portezuela que dejaba escapar rayos luminosos como los que se repetían en el oscuro cielo, y nada más. Nicola detuvo su charla y volvió a la misma actitud en que Jaime los había encontrado. ¿Cómo que nada mas? Pregunto el chileno investigador. Si, nada mas dijo Nicola. - Lo que vi - aseguró, - indudablemente que fue fruto de las copas que me había mandado en un boliche de la calle Juramento -. Y volvió a la posición mustia del principio. Luego de unos segundos rompió el silencio y agrego: que no sabia como, pero el gobierno de entonces que tenia como presidente a un Teniente Coronel (que el no había querido mucho) sé había enterado también de esto, y ordeno mandar a construir un estadio de fútbol, quizás, por lo que él entendía para tapar este raro caso. Y nuevamente volvió a su pétrea postura, con los ojos puestos en el horizonte. Mientras tanto Jaime emprendía la retirada.
Jaime anduvo como loco varios días, no sabia si contar o no lo escuchado. Asumía y abandonaba continuamente la idea de narrar a alguien la historia, lo pensó una y mil veces. Se lo comento a un caddy compañero de trabajo, que era evangelista. Este le dijo que el viejito estaba endemoniado y que ese lugar se trata de la mismísima puerta del infierno, que no fuera nunca hasta ese lugar, y que lo mejor seria visitar a su iglesia y a su pastor. También lo habló con la señora Maria de las Mercedes, una cliente golfista, psicóloga ella, quien le recomendó no acercarse a ese tipo de personas dado a que seguramente padecería alguna psicosis, y le recomendaba como algo muy apropiado denunciarlo a la policía.
Ya con miedo a relatar lo que se había enterado acudió a Perla, una joven vecina, maestra, (¿qué maestra no se ha llamado Perla?) madre de una hermosa hija como ella, a la que Jaime admiraba y guardaba un gran respeto y un gran cariño. Ella también era una abandonada por el amor, quizás también por ser una soñadora y una idealista. Jaime le contó lo que aquel viejo le había narrado, sin dejar pasar de largo ningún detalle. Al principio Perla sonrojada (era muy pudorosa) se rió un poco, luego agrego que la historia se parecía enormemente al comic El Eternauta donde había una brecha en el tiempo en el Parque Lezama a una dimensión desconocida. Jaime se queda pensando y no creía que el viejo Nicola le hubiese mentido, y que no tenia tanta astucia como para plagiar a dicho comic.
Una noche un tanto tormentosa Jaime se despertó sobresaltado por tanto trueno y relámpago, se asusto como ocurre en la mayoría de las películas y cuentos de suspenso. Se levanto de la cama y después de vestirse y abrigarse salió a la calle para repetir los pasos de Nicola como aquella noche también de temporal, quien sabe cuantos años atrás. Llego a la esquina del Club Náutico, se interno en el terreno y comenzó a buscar la tan mentada puerta. Buscó un largo rato, se tuvo que esconder porque paso la policía y para mal de sus desgracias se produjo un corte de energía ( bien de película y propio de Mar del Plata) Pensó en abandonar la locura que estaba cometiendo, extrajo una linterna y en un abrir y cerrar de ojos descubrió que Nicola no lo había engañado como a un niño. Una tenue luz se divisaba entre los pastos, la siguió y allí estaba como esperándolo una pequeña puerta metálica, como si fuera una escotilla de barco. Se sumaban a la puerta y a la luz, unos acordes musicales muy lejanos. Se asusto bastante, pero se entusiasmo más. Siguió, toco la puerta, descubrió que esta adornada con unos dibujos raros, logro abrirla. A esa instancia la luz era más clara y la música mas fuerte. Bajó por una precaria escalera de madera y comenzó a deambular por un pasillo plenamente iluminado. Fue entonces cuando al final del mismo vio una silueta de un hombre que se dibujaba en el horizonte y parecía que miraba hacia su lugar (el de Jaime) Entonces decidió volver corriendo hacia la superficie, y desde allí correr sin parar hasta su casa.
Pensaba a mil revoluciones por segundo. ¿Serán extraterrestres?¿Cómo funcionaba esa luz?¿ De donde venia la música?.
Lo cierto es que después de esa experiencia Jaime ya no fue el mismo. Todo el día le dedicaba al análisis de esta maravillosa vivencia. Dejo de trabajar, solo cruzaba algunas palabras con Perla, y se supone que en algunas noches se llegaba hasta la puerta y volvía corriendo hasta encerrase en su habitación. Pero esto solo se supone.
Esperó que hiciera una linda noche y volvió al desolado campo donde alguna vez había estado el estadio de Ministerio. Se paró en la esquina de Martínez de Hoz y Juan. B. Justo y pensó que ironía del destino, en una esquina mágica solo podía suceder que se juntaran un Martínez de Hoz y el caudillo socialista Juan. B. Justo. Miró hacia el Club Náutico y recordó a otro loco soñador como él, al gran Guillermo Vilas y se dispuso a entrar al lugar, y seria por ultima vez. Sí, por última vez, porque ya no regresaría. Volvió a bajar por la insegura escalera de madera y volvió a encontrase con la figura humana que ha medida que avanzaba se iba haciendo más nítida. Quedaron cara a cara, con voz temblorosa se presento, soy Jaime Gispert chileno de nacimiento y portuense por adopción, caddy por obligación y soñador por iniciativa propia, por vocación y necesidad, y quedó casi petrificado esperando una respuesta. - Mire joven -, le dijo el hombre en una mezcla de portugués y español, - yo soy don José Coelho de Meyrelles -, quizás, porque otros lo dicen el primer habitante de la zona. Estoy por estos pagos desde 1857 y también he venido de lejos porque soy de Lisboa, Portugal. Señalando a otra persona paso a indicarle a Jaime de quien se trataba. - Aquel que ve por allá, es el cacique Cangapol, así como lo ve tranquilo en una época los volvió locos a los jesuitas Falkner, Cardiel y Strobel, ya que dos por tres los aterrorizaba con la indiada. Mírelos ahora toman mate juntos y el indio se dedica a tallar metales y maderas-. (ahí recordó los grabados de la puerta)
Meyrelles entonces le pregunto a Jaime que lo había llevado a entrar a ese lugar. Jaime le contó que buscaba desde hace bastante tiempo la existencia o no de una misteriosa orquesta del puerto, y que de alguna manera esa desenfrenada búsqueda se había convertido también en la búsqueda de sus ilusiones un tanto perdidas. La ilusión de un país mejor de aquel que dejo, la ilusión a estudiar y ser “alguien”, la ilusión de amor eterno con Leticia, su compañera trunca y la ilusión de Perla una compañera que no fue.
José Coelho de Meyrelles que se encontraba en un mundo que existía gracias a los soñadores, tanto de los que se encontraban adentro y los que andaban por afuera, que sólo ellos hacían posible ese mundo. Y agregó que por aquí iba encontrar cosas, personajes y acontecimientos jamás imaginados. Por supuesto jamás imaginados para los que se les enfrió el corazón.
Y como si fuera un guía turístico empezó a listar las cuestiones que podría el mismo experimentar.
- Mire Jaime el sábado mismo puede ir a ver un peleón en el Estadio Bristol, antes de irse Locche a Japón pelea con Dilela. También podrá pasearse por la encantadora Rambla de Madera que aunque nadie la ve sigue ahí mismo, esperando como la novia espera al amor. Si combinamos y arreglamos horarios nos vamos a ir a comer una pizza con Osvaldo Soriano, Astor Piazzola y el cardenal Pironio en el Trencito un lindo bolichito en Juan. B Justo y Av. Independencia.
De más esta decir que esta invitado por el animador Rubén Bayón para presenciar su programa infantil Telepequinocho, en Canal 8, y alguna tarde que quisiera llegarse hasta la Casa del Puente a escuchar a un jovencito llamado Eduardo Zanolli, que por mi poco entendimiento va andar bien.
La cantidad de invitaciones también se extendía a un paseo en tranvía, un café en la Jockey Club, una película en el cine Ocean Rex, Opera o San Martín, una compra en la Estrella Argentina, un asadito en el Parque Camet y por la tarde ir a presenciar un partido en el glorioso Estadio San Martín. El partido es por la Copa de Verano y se enfrentan el Tiburón Aldosivi con Eresuma, Fortunato, Mústico entre otros y la escuadra capitalina de Independiente de Avellaneda con Bochini, Bertoni, Pavoni y algunos más.
Jaime volvió sobre sus pasos, y con algún elemento que llevaba en un bolsito, sello la puerta de entrada.
A cada paso y a cada momento (aunque el tiempo había perdido su habitual paso)las sorpresas se iban sumando. También se entero de cosas enigmáticas. Supo que Carlitos Gardel vivía en una cueva en Colombia, y que su rostro estaba quemado por el accidente de Medellín, y que con él después empezó a compartir el lugar Elvis Presley, y que ambos eran custodiados por un oso pardo entrenado. Pudo conocer la verdad sobre esos horribles bicharracos que habían sido Los Simonquis.
Sabe quienes integran la lista de civiles alcahuetes vende patria que colaboraron con los milicos en cada golpe militar en el país, y que muchos hoy son señores demócratas.
Descubrió quien fue el causante del incendio de la Tienda Los Gallegos y los motivos que tuvo. De las causas reales del hundimiento del barco que estaba en Playa Grande y como se soltó de amarras el barco fantasma que hoy en día asoma “algo” en Av. Constitución y la costa.
Vio, escucho y conoció hechos y circunstancias importantes y vanales. Volvió a ver el esplendor del Ital Park, del Palacio de la Losa, de Gath y Chávez, de casa Boo y de la Beige. Se consiguió una malla para bañarse en las piletas de Punta Iglesias y en bicicleta pedaleaba por el Paseo Jesús de Galíndez mientras disfrutaba de los fabulosos hoteles de la costa.
Tomo mate con Uby Sacco, con Fangio y con Teodoro Bronzini, fue así que se entero quienes habían votado para intendente a un tal Russak (dado a que nadie lo había votado) y como un tal Menen ganó la reelección a presidente. También se adelanta a cosas que van a pasar, por ejemplo conoce porque del fracaso de la Selección Argentina en el Mundial de Corea- Japón, y las razones de un tal Bielsa para no poner a jugar juntos a Batistuta y un tal Crespo. Pero el futuro ya vendrá no es necesario conocerlo. Así le decía don Ernesto Torquinst, -“si uno se adelanta a los tiempos esta expuesto a perder el encanto de lo que será”-.

Hoy por hoy conoce secretos de la sociedad local, nacional e internacional que más de un chimentero amarillento y barato querrían tener, y más de una fuerza política pagaría fortunas para saberlos.
Hasta sabe quien mandó a liquidar a John Fitzgerald Kennedy, quien mandó y quien fue en el robo de las manos de Perón. Y lo más espectacular conoce la verdadera edad de Mirtha Legrand.
Pero también conoce cosas propias un tanto tristes, él porque de la ida de su esposa Leticia y sabe que no conoce porque no se dio el amor con Perla.

Una tarde mientras tomaban unas frescas cervezas con el Padre Dutto y Soriano, este ultimo casi paternalmente le dijo: - Mirá Jaime, para aquellos que todavía no nos tapo la globalización y la mal llamada modernidad, tenemos algo adentro que nada ni nadie nos puede quitar, la esperanza -. En esa esperanza guardamos la fe de que esa orquesta misteriosa que vos tanto buscabas se ha tomado unas largas vacaciones, o tal vez estén buscando un lugar misterioso más apropiado para seguir disfrutando de la música. Y que seguramente entremezclada con los ruidos de los petardos y cohetes que acompañan cada fiesta del santoral (y que son muchas) en La Sagrada Familia, y que en cada bullicio por un gol de Aldosivi, se escuche la bella melodía de la orquesta de los sótanos del puerto. Y que aquellas manos que vinieron a estas tierras a romper piedras, a cargar cajones de pescado o a luchar con la bravura del mar, todavía siguen acariciando los instrumentos como dicen que lo hacían (¿o lo hacen?) ser libres cada noche de domingo, a pesar de la melancolía de estar lejos y de no haber podido ser lo que querían ser.
La orquesta de los sótanos del puerto y Jaime Gispert serán un misterio entre tantas cosa reveladas en la medida que las ilusiones y los sueños desaparezcan.
¡Ah!. Por favor no intenten entrar a este lugar extraño quizás no se pueda volver atrás.
Fin de este sueño.
Daniel Balinotti



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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
19/08/08 | 09:56: Cecilia Tomasini dice:
Me encantaría pasar mi vejéz en Mar del Plata, qué bonito es caminar por sus costas. Hermoso su cuento, la imaginación me llevó a estar dentro. cariños Cecilia
cecitomasini38@yahoo.com.ar
 
07/05/08 | 12:49: ignacio dice:
Daniel: Gracias por hacerme pasear un rato por mi segundo hogar. Muchas gracias. He tenido por años un intenso contacto con Mar del Plata. Amigos y familia que han vivido allá (mi viejo aún lo hace por los pagos de Casamar) y varias historias propias que me llevan a quererla mucho. Me gusta Aldosivi pero no te puedo negar que Alvarado me tira un poco más.¿Te acordás de Norber de Goas y las propagandas de los supermercados Elefante? ¿Y de los videos que llevaban al Torreón allá por los 70? ¿Y de cuando Guemes era una calle de barrio y Alem todo ese misterio de la chica muerta y su bufanda que nos hacían temblar de chicos al pasar de noche entre el Cementerio y el Golf? Seguí escribiendo Daniel, que no es malo lo que hacés, y hacelo sobre tu tierra que es un poco bastante la mía. Cuando uno ama a su tierra no puede menos que homenajearla con la palabra. Nota: nunca me había dado cuenta de ese lugar mágico en que se cruzan Martínez de Hoz y Juan B. Justo.
nachus61@hotmail.com
 
04/05/08 | 17:47: dora ines ( arco iris de palabra) dice:
me gusto tu cuento, porque esa fantasia real que haces es toda imaginaria creacion, gracias por compartir.
adrilis@fibertel.com.ar
 
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